Increíble cómo lo recuerdo todo tan desenfocado pero tan vivo. ¡Pero no es desenfocado como lo veo sino sobreexpuesto! Mucha luz densa, y porciones de sombra que el destino se empeña en enfocar automáticamente, mucho sueño, nuevos hechos cada día que cristalizan en la extraordinaria y única imagen que hoy contemplo con lágrimas en el hígado, cambios para siempre escucho. Sé que parecía estar en las nubes aunque en realidad estuviese en los nubarrones: y que bebí con demasiada fidelidad a una especie de personaje con el que me libraba de trances sonrojantes. Yo hacía poca vida lectiva, sólo me movía el defender a copa y espada el interminable circuito de fiestas y barriladas, y ahora puedo decir bien bajo que yo era... más... papista... que la papa, pero no en el mal sentido sino en sentida autocompasión. Por último hay que confesar en mi defensa que todo mi estropeado concurso tenía como larga explicación la noble causa de enamorar.
miércoles, 19 de agosto de 2009
miércoles, 12 de agosto de 2009
TARA FASCINANTE
La humanista fuerza que te permite aguantar nubes de arena, hipersensibilidad alérgica, cerveza caliente, whisky Navarlaz. Como muchacho bien sugestionado me lo imaginaba todo desde planos semicenitales y travellings con música extradiegética hasta para ir a mear. Y los destellos líquidos y los colores vivos apreciados ya entonces como las aportaciones más románticas de los años noventa sobre el tablero. Además tuvieron lugar desconciertos brillantes, la nítida anarquía individual e incluso neoliberales ganando elecciones.
Ahora como respuesta a tu pregunta imaginaria, aunque te hagas la invisible o la olvidada, decir que te deseé la primera vez que te vi. Durante la barra libre que siguió al saludo, tu antecesora me dijo que tenías mucha vida dentro, pero la mayor diferencia dulce con respecto a ella misma, es que tenías mucha más vida fuera y por atraparla hacías preciosos intentos espontáneos y, literalmente, movimientos irresistibles de tu cuerpo. La segunda vez confirmabas a un observador imparcial, finisecular y concentrado en otras oportunidades, que seguías respirando el oxígeno escaso de las tardes inesperadas de amor y carbonizando los amoríos tanto tiempo esperados. Ibas especulando con el paso de los acontecimientos en contra de todas las ciudades a las que pensaba llevarte cada mañana que me largabas rapidísimo.
Al poco perdiste ese mirar por encima de los registros convenientes y aunque yo intentase coordinar mis códigos vitales y mis voluntades más o menos seguras, la verdad es que sólo miedo y naufragio empecé a representar para ti. Y aunque la idea de naufragio no estuviese mal adaptarla a nuestra edad, te digo hoy como caballero bien sugerente que no vuelvas a preguntarme de qué voy cuando te escriba otro poema y te hagas la sueca o la inmortalizada.
Ahora como respuesta a tu pregunta imaginaria, aunque te hagas la invisible o la olvidada, decir que te deseé la primera vez que te vi. Durante la barra libre que siguió al saludo, tu antecesora me dijo que tenías mucha vida dentro, pero la mayor diferencia dulce con respecto a ella misma, es que tenías mucha más vida fuera y por atraparla hacías preciosos intentos espontáneos y, literalmente, movimientos irresistibles de tu cuerpo. La segunda vez confirmabas a un observador imparcial, finisecular y concentrado en otras oportunidades, que seguías respirando el oxígeno escaso de las tardes inesperadas de amor y carbonizando los amoríos tanto tiempo esperados. Ibas especulando con el paso de los acontecimientos en contra de todas las ciudades a las que pensaba llevarte cada mañana que me largabas rapidísimo.
Al poco perdiste ese mirar por encima de los registros convenientes y aunque yo intentase coordinar mis códigos vitales y mis voluntades más o menos seguras, la verdad es que sólo miedo y naufragio empecé a representar para ti. Y aunque la idea de naufragio no estuviese mal adaptarla a nuestra edad, te digo hoy como caballero bien sugerente que no vuelvas a preguntarme de qué voy cuando te escriba otro poema y te hagas la sueca o la inmortalizada.
martes, 11 de agosto de 2009
MOJONES KILOMÉTRICOS PARA UN PROYECTO DE NOVELA
Google. Blois. Adrenalina. Facultad. Viaje falso a Italia. Sevilla 99 en la hemeroteca y posterior kermesse cervecera. Dr.Terrero. Masonería y Semana Santa. Plataforma petrolífera y avión a las Azores. Acuarelas fotografiadas en Praga y propósitos más saludables, licor de paloduz. El despiste del autocar, el tornado y el hotel de El Ronquillo. Terraza-bar en Uzbekistán, intemperie confortable con su azote de ruidos huecos nocturnos: Madrid 80’s. Miserias futuras o desastres inminentes. Muerte en vida posterior. Errores hablando en inglés, mis metonimias de pata. Pentalogía del amor hotelero: I. Ten years ago, Angela Mackinlay. El relativismo treintañero que domina la parálisis creativa. Canalización del Dolor o Curso al Pantano de la Belleza o El Río Chanza: Presa de la Nostalgia. Apertura episódica de sus compuertas. Descanso de la mucha presión triste, la sorprendente exteriorización quinquenal.
miércoles, 5 de agosto de 2009
SAINETE I
Ernesto seguía lamentando la construcción de un metro para Sevilla. No era el derrotismo rancio del escalón-descansillo por encima de la media (miles de conciudadanos anómicos lo ocupaban), tampoco el miedo al paso de los años de quien no sabe envejecer. Lo que desolaba a Ernesto de aquel proyecto hecho trayecto era la velocidad escalofriante con que las hordas de delincuentes (y sus padres incompetentes) se colaban en la mayor ciudadela del continente, entre los pasos tranquilos de los ancianos más elegantes de la mañana. Ernesto recordaba su juventud en autobús, recordaba los jardines del Alcázar tras ese muro, bajo los árboles, el bar de época y las palabras clandestinas de Nuria cuando ambos se retrasaron de sus amigos. Cinco años más tarde:
- Hola, qué bien te veo.
- Y tú también. Yo estoy bien, sí.
El reencuentro en el estudio no puede prolongarse por mucho tiempo porque la grabación debe comenzar ya (la culpa es de Ernesto, claro, esta obsoleta querencia por el autobús le hace llegar tarde a todos sitios). Se dirigen al atril como cuando se conocieron, concentrados, serios, reconfortados, como solía evocar para tales momentos su malogrado amigo Dani: con la temperatura de la escena final de El Graduado. Ella ha sugerido tomar algo a la salida, y Ernesto ha contestado que sí. Él la ha rodeado con su brazo como “un buen profesional que se enfrenta a un take” (voz engolada), y Nuria ha dicho algo cristalino con la mirada y su camiseta. (Carraspeo)...A Ernesto y a Nuria les pagaban por doblar, y ausentes pero diligentes...
- ¡¡¡No pueede seeeer!!! ¡¡¡Los payasitos se fueron y me dejaron en este valle de margaritas!!! – dijo Ernesto con la chillona voz de un conejito afeminado.
- No te enojes, pequeñín. ¡Mañana veremos a tu papi y a tu mami! –contestó Nuria en el papel de la bruja buena pero igualmente ronca.
- Hola, qué bien te veo.
- Y tú también. Yo estoy bien, sí.
El reencuentro en el estudio no puede prolongarse por mucho tiempo porque la grabación debe comenzar ya (la culpa es de Ernesto, claro, esta obsoleta querencia por el autobús le hace llegar tarde a todos sitios). Se dirigen al atril como cuando se conocieron, concentrados, serios, reconfortados, como solía evocar para tales momentos su malogrado amigo Dani: con la temperatura de la escena final de El Graduado. Ella ha sugerido tomar algo a la salida, y Ernesto ha contestado que sí. Él la ha rodeado con su brazo como “un buen profesional que se enfrenta a un take” (voz engolada), y Nuria ha dicho algo cristalino con la mirada y su camiseta. (Carraspeo)...A Ernesto y a Nuria les pagaban por doblar, y ausentes pero diligentes...
- ¡¡¡No pueede seeeer!!! ¡¡¡Los payasitos se fueron y me dejaron en este valle de margaritas!!! – dijo Ernesto con la chillona voz de un conejito afeminado.
- No te enojes, pequeñín. ¡Mañana veremos a tu papi y a tu mami! –contestó Nuria en el papel de la bruja buena pero igualmente ronca.
miércoles, 29 de julio de 2009
ILUSIONES DEL DOLOR
Tú has vivido horas demasiado intensas como para ser sensible hoy a todas las cosas que quiero de ti. Pero conflictivamente empiezas a imaginarme a distancia (también de la realidad), en un tiempo más denso y rodeado de vida. Le pido a lo que me queda por recorrer cierto parecido al guión cerrado que te gustó entre Trintignant y Anouk Aimée. Ese destino fugazmente expresado en Monastiraki, la cara nueva que me pusiste aquella última noche, la cara externa y vulnerable de una cristalina pérdida de vigilancia. Frágil, por eso duró tan poco.
Has extendido tu vida hasta toda otra vida. Otro contenido para mi pensamiento de siempre sobre el verano antes de la muerte, al margen de estaciones y críticas, el mismo lugar en ochenta años y una cara que no pude olvidar. No sé cómo puedo creer que todavía es posible, ¿por qué ibas a coincidir conmigo en eso? Soy un optimista pésimo. ¿De dónde viene el prestigio de la negativa y la decisión fría? Del aplauso del graderío cuando es indiferente a lo que hay en juego. Es tu cariño lo que no deberías desacreditar. Quiero algo dentro de ti que me lleva a esa confianza de las diez de la mañana, algo por aparecer que te podría acercar a mí, quizás una edad de veintitrés o veinticuatro años, un futuro en el que abrazarse. Hago tuya mi evolución íntima. Todo esto te asusta. Lo siento.
(España, 2003).
Has extendido tu vida hasta toda otra vida. Otro contenido para mi pensamiento de siempre sobre el verano antes de la muerte, al margen de estaciones y críticas, el mismo lugar en ochenta años y una cara que no pude olvidar. No sé cómo puedo creer que todavía es posible, ¿por qué ibas a coincidir conmigo en eso? Soy un optimista pésimo. ¿De dónde viene el prestigio de la negativa y la decisión fría? Del aplauso del graderío cuando es indiferente a lo que hay en juego. Es tu cariño lo que no deberías desacreditar. Quiero algo dentro de ti que me lleva a esa confianza de las diez de la mañana, algo por aparecer que te podría acercar a mí, quizás una edad de veintitrés o veinticuatro años, un futuro en el que abrazarse. Hago tuya mi evolución íntima. Todo esto te asusta. Lo siento.
(España, 2003).
martes, 28 de julio de 2009
TRAS LA TARDE DEL ELEVADOR PANORÁMICO
Hablamos una hora de madrugada, una hora de reloj de madrugada, sudando al estímulo de palabras a quemarropa si cerramos los ojos, he aquí una pareja mejor y más inteligente que la gente que duerme. Una hora de mayor luz, la luz de un puente. Casi podía escuchar el ruido que te acompañaba de destellos adentro, me impresionaba (no-me-presionaba) tu fuerza, tu forma de darle la vuelta a la tortilla y hacer del vertiginoso continuum que vivió contigo una misteriosa alusión de labios cerrados a un mundo en una estrella habitable. No sería un mal destino instalarse allí dentro, en el espacio exterior de tu interior. Además, te recuerdo que tu forma de fruncir la nariz aquel verano que me sonreías estaba siendo prohibida en algunos estados sin salida al mar.
sábado, 25 de julio de 2009
EN LA PUNTA DEL CEREBRO
Insistencia en un tema. ¿Cómo se llamaba esa calle? Es el reducido West End donde las discotecas taciturnas apuestan por una bonita manera de sorprender a los árabes. En todo caso, siempre será mejor volver y volver.
Formé parte accidental de una demostración contra Pinochet, y al preguntar a un periodista chileno por lo que se cocía allí dentro me contestó, con barítona antipatía, que estaban decidiendo la suerte del General. Quise conocer los alrededores, sentí miedo y me fui a casa.
He perdido la primera convicción que me trajo hasta aquí. La aventura está cambiando mi físico, mucho más feo y mucho más fuerte, pisé el único excremento callejero de Gran Bretaña frente a la última casa de Freud, sólo dije tonterías en un puesto de libros (no salía de la palabra epigrama) y me está gustando el run-run que en otro tiempo me atormentó, mi conciencia crecía una barbaridad.
Recurrentemente, sí, no entiendo cómo pude vivir tantos años sin ti.
Formé parte accidental de una demostración contra Pinochet, y al preguntar a un periodista chileno por lo que se cocía allí dentro me contestó, con barítona antipatía, que estaban decidiendo la suerte del General. Quise conocer los alrededores, sentí miedo y me fui a casa.
He perdido la primera convicción que me trajo hasta aquí. La aventura está cambiando mi físico, mucho más feo y mucho más fuerte, pisé el único excremento callejero de Gran Bretaña frente a la última casa de Freud, sólo dije tonterías en un puesto de libros (no salía de la palabra epigrama) y me está gustando el run-run que en otro tiempo me atormentó, mi conciencia crecía una barbaridad.
Recurrentemente, sí, no entiendo cómo pude vivir tantos años sin ti.
miércoles, 22 de julio de 2009
BUSCANDO LAS TABLAS
(Sevilla, 1996)["Ha de encontrarse muy enfermo porque por primera vez no le apetece beber." (Rafael Viana)]. No está proponiendo nada bueno, apenas lo que uno de esos físicos propondría (pero sin tarta payasa), sus pupilas se han dilatado hasta la gripe o la idiotez y se está dando cuenta. La presión sobreviene del ocaso, Montand murió hace cuatro años, parece que fue hoy. Suelen decir que un ciclo ha terminado.
Varias noches seguidas soñando con temas escolares, el verano tocaba a su fin. Pasear por un camino inusual, sí real, hacia el instituto. Recorrer las calles muy deprisa, como recorren los nervios mi estómago, mis brazos, mis piernas. Caminar rápido con mis mejores nervios por aquello de volver a ver a tanta gente, y conocer a niñas nuevas, porque quiero olvidar una época que para mí significa reclusión (soledad) y pobreza (dependencia). La vida en general, a título particular, regresa otra vez. Las caras en la puerta del instituto son caras de la facultad: ese es el sueño: seis años atrás, un anacronismo.
Dos meses y medio refugiado en un diminuto cuarto climatizado por el día y refugiado en la ventana por la noche. Me gustaba escuchar a oscuras e iluminarme por la brisa y ver más allá fácilmente. Mi mirada llegaba incluso a los retiros vacacionales de los demás, a una lejana vida social estival. Era ayudado por las canciones de siempre que atravesaba a veces el tiempo y en mi mente se fundían ilusiones y alusiones. Así, sin dormir casi, sobrellevaba el verano. Entre el insomnio voluntario y el perfecto registro de los sueños, el sano cansancio y una expresión ligeramente atractiva. Ese leve y natural cansancio púrpura de las cuencas de mis ojos consiguió no hundir mi orgullo como ya lo estaba mi ánimo. No paraba de soñar.
Pero le llegó el momento de oler carpetas recién compradas y de comprobar lo pálidas que eran su piel y su voz.
Varias noches seguidas soñando con temas escolares, el verano tocaba a su fin. Pasear por un camino inusual, sí real, hacia el instituto. Recorrer las calles muy deprisa, como recorren los nervios mi estómago, mis brazos, mis piernas. Caminar rápido con mis mejores nervios por aquello de volver a ver a tanta gente, y conocer a niñas nuevas, porque quiero olvidar una época que para mí significa reclusión (soledad) y pobreza (dependencia). La vida en general, a título particular, regresa otra vez. Las caras en la puerta del instituto son caras de la facultad: ese es el sueño: seis años atrás, un anacronismo.
Dos meses y medio refugiado en un diminuto cuarto climatizado por el día y refugiado en la ventana por la noche. Me gustaba escuchar a oscuras e iluminarme por la brisa y ver más allá fácilmente. Mi mirada llegaba incluso a los retiros vacacionales de los demás, a una lejana vida social estival. Era ayudado por las canciones de siempre que atravesaba a veces el tiempo y en mi mente se fundían ilusiones y alusiones. Así, sin dormir casi, sobrellevaba el verano. Entre el insomnio voluntario y el perfecto registro de los sueños, el sano cansancio y una expresión ligeramente atractiva. Ese leve y natural cansancio púrpura de las cuencas de mis ojos consiguió no hundir mi orgullo como ya lo estaba mi ánimo. No paraba de soñar.
Pero le llegó el momento de oler carpetas recién compradas y de comprobar lo pálidas que eran su piel y su voz.
viernes, 17 de julio de 2009
TERAPIA POR ESPAÑA
Cuando se vive en un páramo, a la intemperie, por encima del pueblo al que se dirigen cigüeñas y nubes que se irán aclarando, cigüeñas que se irán ennegreciendo, cuando siempre pesa más el viento por ensordecedor que por atmósfera, y más presiona por dentro que contra los ojos secos. Cuando alguien decide destruir su identidad social, no ofrecer resistencia al viento y dominar el mundo desde fuera y más alto, cuando tiene oportunidad esta serie exacta de impulsos, entonces (pero no sólo entonces), serán vencidas las veleidades de la diversión contra uno mismo y la asfixia imberbe ante los atardeceres sin gente.
jueves, 16 de julio de 2009
SITUARNOS EN UNA ÉPOCA IMAGINATIVA
¿Cómo va a ser lo mismo? Y lo pregunta alguien poco dado a las actividades complacientes, ya sean en forma de pruebas generacionales, ya se presenten en formato inmortal o relativas a la posteridad. Pero no puede ser considerado de la misma analítica un personaje real que con todo su ímpetu se sobrepone a la historia escrita de sus vecinos que uno entregado a la belleza de la calle Feria y paralelas, ya sea día laborable o ya sea domingo parsimonioso, entregado y abrazado a un asidero de la cultura circundante.
Ignacio Sánchez Mejías será percibido por muchos de mis amigos como un máscara (“será”, como si aún no hubiese muerto y nos anticipáramos a su relieve legendario). Piloto de carreras, presidente del Betis sin período de transmutación ("no había tiempo todavía, excelencia, se estaba labrando la magia sin efectos visuales contrastados"), y presidente de la Cruz Roja, piloto aéreo y jugador de polo, actor de cine y torero, escritor amigo de autores infalibles. Y yo, que he leído las tres obras conocidas de Ignacio, puedo afirmar categóricamente, esto es, con rigor sólo en el semblante, es decir, cerveza de la mano, que estábamos ante uno de los mayores dramaturgos de Andalucía: psicología con duende y costumbrismo existencialista y su metafísica moral.
Terminé descubriendo tamaña figura en medio de los más comprensibles parecidos a mis referentes vitales: la energía pedagógica de los Sernández, la receta espontánea de los Morales. Poco recorrido en mi garganta para todos estos amigos intemporales. Aprecié el fluir continuo de la historia y brindé por los amigos generosos.
Ignacio Sánchez Mejías será percibido por muchos de mis amigos como un máscara (“será”, como si aún no hubiese muerto y nos anticipáramos a su relieve legendario). Piloto de carreras, presidente del Betis sin período de transmutación ("no había tiempo todavía, excelencia, se estaba labrando la magia sin efectos visuales contrastados"), y presidente de la Cruz Roja, piloto aéreo y jugador de polo, actor de cine y torero, escritor amigo de autores infalibles. Y yo, que he leído las tres obras conocidas de Ignacio, puedo afirmar categóricamente, esto es, con rigor sólo en el semblante, es decir, cerveza de la mano, que estábamos ante uno de los mayores dramaturgos de Andalucía: psicología con duende y costumbrismo existencialista y su metafísica moral.
Terminé descubriendo tamaña figura en medio de los más comprensibles parecidos a mis referentes vitales: la energía pedagógica de los Sernández, la receta espontánea de los Morales. Poco recorrido en mi garganta para todos estos amigos intemporales. Aprecié el fluir continuo de la historia y brindé por los amigos generosos.
lunes, 13 de julio de 2009
DENTRO DE DOS AÑOS
Voy a esperarte a la salida del trabajo. Sé, sí sé, que sería mejor esperarte en coche bajo la lluvia del primer mes de clase, mayor predominio de los ocres, bramido de los coches rompiendo en el asfalto, pasando antes por mi casa. Sería bonito descubrirte el efecto de las luces de la tarde sobre las lunas mojadas: “Mira Hada, las luces rojas de los coches pierden intensidad, las de los comercios se resitúan en tu mismo cristal”. Es curioso que al cruzar el río, al estrecharse las calles, el espacio entre nuestros tiempos se hacía más ancho. Burgués conducía su utilitario concentrado en que al cambiar las marchas ella le tocara la mano, a riesgo de provocar un accidente de mucho menor calado. Los poderes de Hada y los padres de Burgués eran ya conocidos por toda la ciudad amurallada. Una vez, un mago perdió sus poderes cuando Hada posó su mano sobre su verdadero tendón de aquiles, a la altura del cuello. Buscando la llave correcta bajo el paraguas apastelado que me brindaste, pensaba en todas las palabras que no necesitabas decir, y les ponía tu voz.
miércoles, 8 de julio de 2009
LA CARA
Castilla la Mancha, Andalucía la Disuelve. Hablo de la confianza en mi propio índice de transformación. La capacidad, o la fe constructiva, para clavar chinchetas en un corcho de objetivos fríamente y confortablemente. La resaca, en su acepción "ansiedad", no explora otra cosa que material natural fuera de medio, la resaca, en su acepción "invocación", extraña garrafas y cabras en el Parque de los Alcornocales. (Los clandestinatarios bares de anoche, animal. La poca esperanza en las autopistas de la formación, artista).
Vuelvo a conocerte en el vídeo que siempre llevo conmigo y decido como miles de mañanas que viviré un tiempo en la ciudad donde desapareciste. No es imposible que te vea, y te encuentre más fea, y a los dos minutos me excite la madura expresión con la que me quieres enseñar tu estrenado barrio en Madrid, tu seguridad, tu juego.
Vuelvo a conocerte en el vídeo que siempre llevo conmigo y decido como miles de mañanas que viviré un tiempo en la ciudad donde desapareciste. No es imposible que te vea, y te encuentre más fea, y a los dos minutos me excite la madura expresión con la que me quieres enseñar tu estrenado barrio en Madrid, tu seguridad, tu juego.
viernes, 3 de julio de 2009
EL SUPERHOMBRE
No quiero protagonizar confusiones de ninguna clase: ni las que te hacen sentir culpable ni las que te. Hacen. Sentir. En vano. No pago una noche por cristales tintados, quiero ver el verde de verdad, como se ve en la ciudad del sol, admito que existe una gama y que no sé mezclar bien los colores.
No concibo la vida sin concebir una vida.
Una semana más tarde o una tarde de más y el superhombre recuperó su oficio de escribir mensajes sin enviarlos, por miedo, sabía que había derrapado un poco antes de girar, tanta suficiencia y llamaradas de altura convertían la experiencia en pasto de las miradas, precisamente era el momento más inédito de su vida.
Ella le preparó por última vez el primer desayuno de silencio.
No concibo la vida sin concebir una vida.
Una semana más tarde o una tarde de más y el superhombre recuperó su oficio de escribir mensajes sin enviarlos, por miedo, sabía que había derrapado un poco antes de girar, tanta suficiencia y llamaradas de altura convertían la experiencia en pasto de las miradas, precisamente era el momento más inédito de su vida.
Ella le preparó por última vez el primer desayuno de silencio.
viernes, 26 de junio de 2009
MEJORES MUJERES
Percutiendo duro y cortando la sombra de la farola de forja fernandina, dejando bien bien alto el equipo Technics, abriendo ventanas, cajones de cosas importantes, oyendo el clamor de la gente que ha salido. La mirada que usualmente llamaríamos blanca en una acuarela de técnica improvisada se me acercó y se difuminó con los otros colores del sueño y la bebida.
Ella conduce de manera inédita en el sur de España, con esta sorprendente característica está consiguiendo bañar el reencuentro de un misterio sin sonido en forma de paréntesis. Ni siquiera hemos puesto la radio, las noticias podrían recordarnos que estamos oficialmente separados, y conduce el Ford serpenteante entre chalets hacia la parte más indecente de la playa, parando y sonriéndome otra vez nueva en el aparcamiento del apareamiento. Superar tantas bandas sonoras había resultado ser un original e insinuante preámbulo sinuoso.
Su voz desde la bañera de un hotel. Mi espalda castigada por sol y por sal, por fin tonificado a salvo de mi madera de filósofo adolescente. Fuerte de repente en unas horas. Bonita cena incluida en el precio. Bromas y sus confesiones de chica mucho más joven que yo. Se bebe mucho vino blanco en meses así.
Ella conduce de manera inédita en el sur de España, con esta sorprendente característica está consiguiendo bañar el reencuentro de un misterio sin sonido en forma de paréntesis. Ni siquiera hemos puesto la radio, las noticias podrían recordarnos que estamos oficialmente separados, y conduce el Ford serpenteante entre chalets hacia la parte más indecente de la playa, parando y sonriéndome otra vez nueva en el aparcamiento del apareamiento. Superar tantas bandas sonoras había resultado ser un original e insinuante preámbulo sinuoso.
Su voz desde la bañera de un hotel. Mi espalda castigada por sol y por sal, por fin tonificado a salvo de mi madera de filósofo adolescente. Fuerte de repente en unas horas. Bonita cena incluida en el precio. Bromas y sus confesiones de chica mucho más joven que yo. Se bebe mucho vino blanco en meses así.
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