La quimérica química que, en un cuerpo recién encarnado, hizo de una ciudad minada de amenazas una ciudad amada y dominada. Aún sentía el asombro connatural a la nueva altura de mi mirada, y medía con optimismo popero cada paso airoso y cada litro frío que erguían (cual tótem alineado con el ocaso) aquel fracaso académico postrero. Aquel triunfo memorable de la vida primaria. Recuerdo embestidas de adrenalina, chicas poco vestidas, listados borrosos de expresiones magnificadas y carreras sin sustancia, recuerdo la aventura que musicaba cada media mañana de viernes, de jueves y de viernes. Y a partir de ahí, unas pocas palabras certeras, dulces etcéteras y hondas resacas.
sábado, 22 de agosto de 2026
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