Lo que por instantes pudo parecer memoria fotográfica como de otro mundo rápidamente mudó en el opulento impresionismo dimisionario de un Viana banal y filosófilo anclado al pecado copiado. Discurriendo de un objetivo a otro sin miedo a perder la juventud y la razón, apuntando maneras y algunos conceptos a mano como piloto de caza y conquista, desarrollando un sentido propio de la vida y descubriendo cómo una palabra bloqueada en silencio infrarrojo abría paso a otras palabras imprevistas identificadas con voces sedosas. Las generaciones futuras pisotearán con botas militares este íntimo manual de iluso y nunca sabrán lo emocionante que fue extraer la placa base de microinfartos y sucesivas disyuntivas que procesar. Lo mismo que se concretó en un eufemismo llamado arte, eso mismo, echaría a volar una mañana de anemia cualquiera (aferrado al linaje de sangre) a unas pocas nubes de la muerte.
domingo, 11 de octubre de 2026
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