domingo, 18 de octubre de 2026

WHY FLY SHY

Quizás fuese lo esperado de aquel bendito siglo veinte, o quizás todo se debiese al stock de energía de otra juventud insatisfecha/insaciable, pero lo cierto es que muchas de esas imágenes románticas que dibujábamos en los cielos y en sus charcos resistieron, con mayor fidelidad y más tiempo de lo apostado, duras y sólidas réplicas desde la pragmática posteridad. De cierto modo, creo que participé en una especie de Universiada de varios años con sede en Nueva Enramadilla, con incierta suerte pero con espíritu más que deportivo (barra pusilánime), sumido en una carrera con más palmadas que palmarés y erigido en gurú de la inexperiencia compartida, la virtualidad empezaba a ser real. La voz al amanecer era una materia de nueva creación, no convalidable con ninguna anterior, y suponía una veta hasta el centro de la Tierra en lo que a crédito y rédito se refiere. Esto que reedito lo hago sin pestañear, apostado en aquella calle colateral del Porta Coeli, algo bebido, algo impasible, en paz con la destrucción de un futuro bien traído y apartado de un estatus que camina bien lejos de este rictus blando. Así de huidizo, fue que volé a Londres, con navaja suiza en el bolsillo, tres palabras de inglés y concentrado en redimir mi vergüenza a base de intemperie cultural y castigo físico. Y así fue que muy cerca de su final se hizo más grande el siglo XX... El siglo XXL sigue llameante para siempre veinteañero en este foso egológico que lo irradia todo.

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